Demonología

Demonología

El estudio de los demonios, mejor conocido como Demonología, es tan antiguo como la creencia misma de los demonios. Desde los Duendes y Diablillos, a los Genios del Este, a los demonios de las tormentas Shedu y los Oni japoneses; la idea de los espíritus que no son humanos ni parecidos a Dios, aparecen en casi todas las regiones, folklores y culturas a través del tiempo.

¿Que es Demonología?

En relación con el título de la temática de este curso he de decir que la rama del saber que se ocupa del estudio de los demonios recibe el nombre de “demonología”; por lo tanto no hay que confundir ese término con otros como “demonolatría” o “demonomancia” que tienen que ver, el primero, con el culto al Demonio o a los demonios, y, el segundo, con aquella práctica adivinatoria que se realiza a través de la invocación de demonios o espíritus impuros. En este estudio me ocuparé de la demonología bíblica, es decir, de lo que la Biblia dice con respecto a los demonios: su naturaleza, su pecado, su malévola actuación entre las personas y lo que Dios ha hecho para deshacer sus obras.

El estudio de los demonios, mejor conocido como Demonología, es tan antiguo como la creencia misma de los demonios. Desde los Duendes y Diablillos, a los Genios del Este, a los demonios de las tormentas Shedu y los Oni japoneses; la idea de los espíritus que no son humanos ni parecidos a Dios, aparecen en casi todas las regiones, folklores y culturas a través del tiempo.

La demonología fue desarrollada por religiosos católicos y luego por los teólogos medievales, que investigan cuál es la condición del demonio dando interpretaciones y formulando conjeturas sobre la naturaleza de su ser, su manera de conocer, sus poderes y facultades reales, los motivos de su culpa y de su caída, su estado colectivo jerárquico, etc.

Dado que los Demonios forman un subconjunto de los ángeles (poseen la misma esencia o naturaleza angélicas), pero con las características propias de su estado de rebeldía ante Dios. La Demonología es una rama de la Teología, puede considerarse como una subdisciplina de la Angelología, pero con señas particularmente diferentes. La demonología se encarga de confeccionar listados para nombrar y establecer una jerarquía de los espíritus maléficos. En este sentido, es la disciplina opuesta a la angelología, que recopila la misma información pero acerca de los buenos espíritus.

En todas las culturas existen deidades malignas que infunden terror en las personas y tientan a los incautos. En la cultura escandinava se hablaba de Loki, en la griega de Hades, en la mesopotámica: Marduk, entre los indígenas de la Gran Sabana venezolana: Odo´sha; y así sucesivamente todas las culturas han tenido y tienen sus figuras y símbolos del mal, que en algunos casos sirven para equilibrar la balanza entre la bondad y la maldad.

En nuestra cultura occidental, la palabra "demonio" apunta hacia los símbolos malignos que figuran en la Biblia (Satanás, Lucifer, Belcebú o Diablo).

Desde el inicio del antiguo testamento aparece la figura de Lucifer, pero es en el nuevo testamento cuando se le da mayor protagonismo a este ser infernal. Se le echa encima la responsabilidad de todo cuanto malo estaba pasando en esa época y en las posteriores.

Durante la oscurantista Edad Media, las deidades infernales fueron clasificadas según jerarquías, con el fin de conocerlas mejor para combatirlas efectivamente...

La manifestación más importante de la demonología cristiana occidental es el Malleus Maleficarum de Jacob Sprenger y Heinrich Kramer, que demuestran, de manera sui generis, la existencia y el poder de la brujería como parte integral de la fe católica romana y de un peligro real para los fieles, aparte de ofrecer en su tratado toda clase de formas de reconocer y procesar una bruja, convirtiéndose así en el manual para procesos de brujería durante décadas.

En otro sentido, la demonología confecciona listados que intentan nombrar y establecer una jerarquía de espíritus maléficos. Sin embargo, muchas bases de datos demonológicas son conocimientos capturados a aquellos supuestamente capaces de invocar tales entidades, incluyendo las instrucciones sobre cómo convocarlos y (en el mejor de los casos) someterlos a la voluntad del conjurador. Los grimorios de magia oculta son aquellos tomos que contienen los conocimientos acerca de esta faceta de la demonología, más de una vez estudiada por aquellos que debían perseguir y juzgar a diabolistas y brujas.

Prácticas ocultistas
Sabemos por las Escrituras que ciertas actividades hacen que las personas entren en una estrecha relación con Satanás.

En la Biblia se habla de la existencia de personas con poderes o capacidades extraordinarias dados por Satanás para obrar señales y prodigios mentirosos que engañan a los que se pierden (2 Tes 2.9-10). En el libro del Éxodo vemos como los magos de Egipto reprodujeron con su magia cuatro prodigios obrados por Dios a través de sus siervos: 1) El de la vara de Aarón que se transformó en serpiente… “Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos; pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras; mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos.” (Ex 7.11-12). 2) Las plagas del agua convertida en sangre y la multitud de ranas y piojos…“Y los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos” (Ex 7.22; 8.7,18). A partir de ahí no hicieron nada más… “Y los hechiceros de los egipcios no podían estar delante de Moisés” (Ex 9.11).

En el Antiguo Testamento Dios prohíbe estas actividades considerándolas prácticas abominables “No sea hallado en ti quien haga pasar a un hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Yahwéh cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Yahwéh tu Dios echa estas naciones de delante de ti. Pefecto serás delante de Yahwéh tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Yahwéh tu Dios.” (Dt 18.9-14). Otros textos en los que podemos encontrar el desprecio de Dios por este tipo de actividades vanas y mentirosas son (Lv 19.26) (2 R 17.16-17; 21.6) (Is 47.13-14). La muerte era la pena establecida por la Ley para quienes practicaban este tipo de supersticiones (Ex 2.18), Dios mismo ejecutaba la pena directamente en algunas ocasiones a través de su providencia (1 Cr 10.13-14).

En el Nuevo Testamento se dice que los que seguían alguna de estas prácticas debían arrepentirse y abandonar todo tipo de contacto con ellas: “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos…” (Hch 19.17-18). La razón es bien sencilla: aunque los hombres crean que no hay nada malo en estas artes ocultas, y que tienen de sí mismos poderes para realizar sus portentosas actividades, con todo la realidad es que es Satanás quien las inspira (1 Co 10.20-21), capacitando a sus promotores (Hch 13.8,10) con el propósito de engañar a las personas y alejarles de Dios (Hch 8.9ss).

Demonología en la tradición cristiana
En la tradición cristiana, los demonios son ángeles caídos. La caída no es otra cosa que la expulsión del ángel del cielo por rebelarse contra los mandatos de Dios. Esta rebeldía es atribuida por los teólogos al libre albedrío, la lujuria, la vanidad o, simplemente, por desobedecer o rebelarse contra los mandatos de Dios.

En la demonología Católica, se dice a los demonios que traten de ganar almas humanas de tres formas; a través de la tentación, presión demoníaca, interfiriendo con la vida de una persona e influenciando su comportamiento y finalmente la posesión, cuando una persona se toma por completo por las fuerzas demoníacas.

Cuentos de posesión humana por demonios datan del tiempo de la era pre-Cristiana y continúan hasta el día de hoy. Los síntomas del comportamiento demoníaco también se han mantenido iguales por siglos y en varias culturas, e incluyen; cambios extremos en el comportamiento, estallidos violentos, ataques, apariciones de mordeduras, quemadas y rasguños sobre el cuerpo de la víctima, fuerza sobrehumana, la habilidad de hablar en otros idiomas que anteriormente no se sabían, levitación, maldecir, aversión extrema de religión y nombre de Jesús, hablar con una voz nueva y vomitar en proyectil.

Se dice que la única manera de liberar a una persona poseída por demonios es practicando un exorcismo, una ceremonia donde los demonios son expulsados a través de un ritual de rezo.

Aunque controversial, algunos investigadores paranormales pueden enlistar la ayuda de demonólogos e incluso exorcistas durante las investigaciones, ya que se dice que lo que parece ser actividad poltergeist puede ser en realidad la primera etapa de la opresión demoníaca.

Angelología
Satanás o Lucero, como se llamaba al principio, fue un ángel importante que se convirtió en ser maléfico y enemigo de Dios y de su creación.

Es necesario recordar que cuando hacemos referencia a Satanás estamos hablando de un ángel caído, por lo que en primer lugar necesitamos hacer un breve repaso a la angelología bíblica o doctrina de las Escrituras sobre los ángeles:

Los ángeles son criaturas espirituales e incorpóreas (He 1.7a) (Lc 24.39) (Mt 22.30), que fueron creadas por Dios (Neh 9.4) (Sal 148.2-5) (Col 1.16), y viven con él en los cielos (1 R 22.19) (Mt 24.36) (Mr 12.25), contemplando siempre su rostro (Mt 18.10). Cuando son enviados por Dios a la tierra para cumplir alguna misión pueden tomar la apariencia de formas diversas según

requieran las circunstancias: 1) Apariencia humana (Gn 18.2-16) (Mt 28.1-7 cf Mr 16.5-7). 2) Apariencia de viento (Sal 104.4). 3) Apariencia de fuego (Sal 104.4) (He 1.7b).

Los ángeles fueron creados originalmente como seres santos (Mr 8.36) (Lc 9.26) y buenos (1 S 29.9) (2 S 14.17); muy sabios (2 S 14.20), pero sin llegar a ser omniscientes (Mt 24.36); obedientes a Dios y a su palabra y con gran poder (Sal 103.20-21); y con capacidad de vivir siempre, es decir son eternos (Lc 20.36).

Su número

Nos es imposible saber el número exacto de ángeles que Dios creó, pero la Biblia habla de ellos como constituyendo un ejército poderoso (Dt 33.2) (Sal 68.17) (Mt 26.53), cuyo número es “millones de millones” (Ap 5.3).

Sus clases u órdenes

No todos los ángeles son iguales en sus capacidades, ni realizan las mismas funciones, ni existe la misma relación jerárquica entre ellos. Según las Escrituras existen diferentes clases u órdenes de ángeles según el poder que Dios les concedió y el trabajo que les dio a realizar:

Los arcángeles (1 Tes 4.16), ángeles principales o príncipes entre los ángeles (Dan 10.13), realizan las misiones más notables o solemnes (Lc 1.19ss). No sabemos el número de ellos, pues en los libros canónicos de la Biblia sólo se mencionan a tres: Miguel (Dan 10.13,21) (Jud 9) (Ap 12.7) Gabriel (Dan 8.16; 9.21) (Lc 1.19,26) y Rafael (Tb 7.15).

Los querubines también son ángeles importantes y según los datos bíblicos son muchos más que los arcángeles. Entre las funciones que se les atribuyen están la de guardar la entrada al paraíso (Gn 3.24), custodian el propiciatorio (Ex 25.18) y acompañan al Señor cuando desciende de los cielos (2 S 22.11). En Ezequiel y Apocalipsis se le representan como “seres vivientes” (Ez 1) (Ap 4).

Los serafines son representados como seres con seis alas que revolotean alrededor de Dios alabándole permanentemente: “Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Yahwéh de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.” (Is 6.2- 3,6).

Los términos “principados”, “poderes”, “tronos” y “dominios” nos hablan de ángeles que ocupan algún rango o puesto de autoridad en el mundo angelical (Ef 1.21; 3.10) (Col 1.16; 2.10) (1 P 3.22).

El ángel de Yahwéh no debe ser confundido con alguno de los ángeles mencionados anteriormente, sino que debe ser entendido como una teofanía o manifestación visible de Dios en el Antiguo Testamento. Que esto es así puede comprobarse en los mismos textos en los que se habla del ángel de Yahwéh: Cuando él se presenta, se dice que lo hace Dios mismo; cuando abre su boca para comunicar algún asunto, se dice que habla Dios mismo: “Y el ángel de Yahwéh se le apareció y le dijo: Yahwéh está contigo… Y mirándole Yahwéh, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas…” (Jue 6.12,14 cf 6.16,20-23).

Sus labores

Los ángeles sirven a Dios haciendo su voluntad y ejecutando su palabra: “Bendecid a Yahwéh, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto. Bendecid a Jehová, vosotros todos sus ejércitos, ministros suyos, que hacéis su voluntad.” (Sal 103.20-21). Entre las áreas en las que los ángeles realizan sus labores están las siguientes:

Participan en la revelación

Actúan como mensajeros comunicando la voluntad particular de Dios (Gn 19.1-15) (Lc 1.11-38). Son instrumentos para comunicar la voluntad general de Dios a través de la revelación de las Escrituras (Hch 7.53)

Colaboran en la salvación

Predican el evangelio (Lc 2.10-11) (Gá 3.8 cf Gn 12.3) (Ap 14.6). Se gozan cada vez que una persona se salva (Lc 15.10). Llevan los creyentes que mueren a la presencia de Dios (Lc 16.22).

Realizan servicios a favor del Mesías o de los creyentes

En relación con el Mesías: Anunciaron su nacimiento (Lc 2.8-15); Le acompañaron permanentemente (Jn 1.51); Le auxiliaron en momentos de dificultad (Mt 4.11) (Lc 22.43); Serán su cortejo en la segunda venida (Mt 25.31).

En relación con los creyentes: Se les envía para realizar servicios que cooperan con los propósitos salvíficos de Dios (Hch 8.26-29; 10.3-8) (He 1.14); Les anuncian acontecimientos importantes (Gn 18.10-14) (Jue 13) (Lc 1.11-20; 26-38); Realizan llamamientos ministeriales (Jue 6.11-24) (Is 6.6); Asisten a los siervos de Dios en momentos difíciles (1 R 19.5-8).

Son protectores de los justos

El propio Lucero era un ángel protector: “oh querubín protector.” (Ez 28.16b). Los ángeles protegieron a Jesús (Sal 91.10-13) en su infancia (Mt 2.13-23) y podrían haber evitado la muerte de Jesús si ésta hubiera sido la voluntad de Dios (Mt 26.53). Protegen a los creyentes y a sus hijos en diversas situaciones de adversidad, peligro o muerte: “El ángel de Yahwéh acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (Sal 34.7) (Gn 19.15-17) (2 R 19.34ss) (Mt 18.10) (Hch 5.18-20; 12.6-11; 27.23-25).

Ejecutan los juicios de Dios y sus actos de misericordia

Ejecutan los juicios de Dios (Gn 3.21) (2 R 19.35) (Ap 8.6 a 10) y aplican la salvación de Dios (Gn 21.17ss).

Adoran a Dios (Ap 7.11)

Están alrededor de Dios pregonando su santidad (Is 6.1-3) y alaban al Hijo en su entrada al mundo (He 1.6).

Participaron en la creación y participan en la obra de sustentación

Ellos fueron creados en algún momento entre el primero y el séptimo día (Gn 2.1), después se regocijaron cuando Dios ordenaba el mundo y terminaba de crear al resto de las criaturas (Job 38.7). Ellos controlan los fenómenos atmosféricos según Dios les ordena (Ap 7.1).

Algunos ángeles se convirtieron en demonios o espíritus malos
Esto se produjo a través de la caída de Lucero y de sus ángeles:

Al principio de los tiempos (1 Jn 3.8) Dios creó un ángel hermoso del orden de los querubines llamado Lucero (Is 14.12). El término Lucero o Lucifer proviene del latín lux (luz) y fero (llevar) y significa: “portador de luz”. Su esplendor y funciones ministeriales quedan descritas en el siguiente pasaje: “Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado…” (Ez 28.14-15a).

Pero Lucero se ensoberbeció y quiso ser como Dios y ocupar su lugar en el trono celeste: ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. (Is 14.12-15).

Otro texto dice: “… hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.” (Ez 28.15b-16).

Los ángeles que estaban bajo su potestad le acompañaron en su rebelión contra Dios: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles” (Mt 25.41). “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada…” (Jud 1.6).

Esta rebelión fue sofocada por alguno de los arcángeles y sus ángeles, que son quienes habitualmente se enfrentan a Satanás cuando es necesario frenar algunasde sus perversas aspiraciones (Jud 9) (Ap 12.7-9).

Dios no perdonó ni dio oportunidad alguna de salvación a Lucero y a sus ángeles, sino que los arrojó al infierno hasta el día del juicio:

Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio.” (2 P 2.4).

Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.” (Jud 1.6).

A partir de su pecado Lucero se convirtió en el enemigo de Dios y de su creación

Desde el infierno Lucero y sus ángeles acceden a la tierra para realizar sus malvados propósitos contra Dios y la humanidad:

Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.” (Ap 12.9).

Y dijo Yahwéh a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Yahwéh, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella.” (Job 1.7).

Satanás puede aparecer ante la presencia de Dios y solicitar permiso para probar a los justos. La medida y límite de su actuación era establecida por Dios mismo.

Un día vinieron a presentarse delante de Yahwéh los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás… Y dijo Yahwéh a Satanás: He aquí todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él.” (Job 1.6,12).

Jesús dijo a sus discípulos: “Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado que tu fe no falte…” (Lc 22.31-32).

Otros nombres bíblicos dados a Lucero en su condición de ángel malo
1. Satanás (Mr 3.23)

El término proviene del latín satâna, y éste del hebreo shatán (אנטש), cuya raíz shtn significa impedir, hostigar, oponerse, por lo que el sentido primario de shatán es simplemente el “enemigo” o “adversario” (1 S 29.4) (1 R 11.14,25). Satanás aparece en el Antiguo Testamento incitando al pecado a los hijos de Dios (Gn 3.1-6) (1 Cr 21.1) y buscando el mal de los justos (Job 1.6-9,12). En los evangelios se le presenta como el enemigo de Cristo y de su obra (Mt 4.1- 11) (Lc 22.3-6) (Mt 13.19), y también como el enemigo de los cristianos (1 P 5.8), en la medida en que los creyentes son obra de Dios (Ef 2.10).

2. Diablo (Mt 4.1)

El término proviene del latín diábōlus, y éste del griego diábolos (διάβολος) cuyo significado es “calumniador”, que a su vez deriva de día-ballö (διαβάλλω) “calumniar” o “dividir”. Esto nos habla de que detrás de cada calumnia está el Diablo, personalmente o como agente instigador (Gn 3.1-5 y Job 1.9-11 cf Ap 12.10 y Jn 8.44) (Mt 26.59-62 cf Ap 12.9 y Jn 8.44).

3. Demonio (Ap 16.13)

En el Antiguo Testamento se habla de los demonios empleando el término śā‘îr (Lv 17.7) (2 Cr 11.15), un vocablo cuyo significado primario es “peludo” y que con toda probabilidad quiere hacer referencia a su carácter como “sátiro” o ser lascivo y pecaminoso. En otros textos aparece el término šēd (Dt 32.17) (Sal 106.37), de significado oscuro, pero que probablemente incide en la definición anterior. En el Nuevo Testamento el término demonio viene del griego daimon (δαίμων) (Mt 8.31), y se usa con el significado de espíritu o genio maléfico hostil a Dios y a los hombres. Las Escrituras dejan de forma bien clara la verdadera naturaleza de los demonios como espíritus inmundos y malvados (Ap 16.13,14).

4. Belial (2 Co 6.15)

Este término viene del hebreo (belî-ya‘al) y significa: “inútil” o “sin provecho”, palabra compuesta de belî, “no” o “sin”, y ya‘al, “ser de provecho” o “ser provechoso”, en relación con el Diablo se quiere hablar de él como aquel que es inútil o sin provecho en todo cuanto significa y hace. El apóstol Pablo hace una serie de contrastes paralelos entre Cristo y Satanás en 2 Corintios 6.15, y entre ellos dice: “¿Qué armonía hay entre Cristo y Belial?”, usando “Belial” como sinónimo de Satanás.

5. Beelzebú (Mt 10.25; 12.24)

Beelzebú (Ba‘al Zebûb) que significa literalmente “el señor de las moscas” era el nombre de una deidad filistea adorada en épocas bíblicas en la ciudad de Ecrón (2 R 1.2-3). El nombre se le aplica al Diablo en el Nuevo Testamento (Mr 3.22), seguramente por su permanente búsqueda de contaminar lo sagrado con lo inmundo (2 Co 6.14-18); tal y como hacen las moscas cuando se posan en los excrementos o en las llagas purulentas para luego transportar en sus patas la inmundicia hasta la boca u ojos de un bebé, sobre alimentos o sobre cualquier otra cosa limpia y pura buscando su corrupción (Ex 8.20-24).

6. El Dragón (Ap 12-13)

En el Antiguo Testamento el término dragón, que procede del hebreo tannîn, puede significar cualquier gran reptil, serpiente o monstruo marino, símbolo de una gran criatura destructora (Job 7.12) (Sal 74.13; 91.13) (Is 27.1; 51.9) (Ez 29.3; 32.2). En el Nuevo Testamento aparece el vocablo griego drakõn (dragón) para hablar de Satanás en su encarnizada y destructora lucha contra el Mesías y los suyos (Ap 12-13,16) y que finalmente será vencido por Dios (Ap 20.2).

7. Príncipe (Jn 12.31)

En el Nuevo Testamento aparece el término archõn cuyo primer significado es “príncipe”, pero que también puede tener la acepción de “gobernante” o “magistrado”, y que en relación con Satanás se traduce como el “príncipe de los demonios” en Mateo 12.24 o el “príncipe” de este mundo en Juan 12.31; 14.30 y 16.11. Con este término las Escrituras hacen referencia a la posición de dominio que Satanás tiene sobre el ámbito de los ángeles caídos y sobre el de aquellas personas que viven sin Dios y sin esperanza.

La obra de Satanás para asegurar la perdición del alma humana
El Diablo procura que las personas permanezcan en el estado de perdición en el se encuentran hasta el fin de sus días, sabiendo que después de la muerte no hay nada que hacer (Lc 16.19-31). Para ello despliega todo tipo de medios y recursos que aseguren que las personas toman sendas equivocadas que les alejen de Dios o que las mantengan ocupadas en actividades que les hagan pensar solamente en la vida presente y no se preparen para la venidera.

Los perjuicios o daños que pueden ocasionar las prácticas ocultistas
La posesión temporal demoníaca

La Biblia nos habla de numerosos casos en los que uno o muchos demonios habitaron en personas produciéndoles consecuencias diversas. Las señales de posesión demoníaca más frecuentes que aparecen en la Biblia son las siguientes:

Señales psíquicas que acompañan a una persona que está poseída por un demonio:

Paranoia. Esta es una idea ilusoria fija y obsesiva como la de atribuir siempre intencionalidad y enemistad a las acciones de los demás. En el relato del evangelio los demonios que están en las personas dicen a Jesús a través de ellas: “¿Qué tienes con nosotros…?” (Mr 1.24a; 5.7) (Lc 4.34a; 8.28). En ninguna manera queremos decir que todas las personas que tengan comportamientos paranoicos están poseídos por el diablo, sino sólo que estos son una de las manifestaciones de la posesión demoníaca.

Clarividencia. Es la capacidad de descubrir cosas ocultas y conocerlas. En el relato del evangelio los demonios de los posesos muestran conocer a Jesús y saber de su naturaleza divina: “… Jesús de Nazaret” (Mr 1.24b,34) “yo te conozco quien eres, el santo de Dios” (Lc 4.34b)

Premonición. Esta es la capacidad de predecir cosas futuras. En el relato evangélico los demonios que moran en el hombre saben lo que Jesús hará con ellos: “¿Has venido para destruirnos?” (Mr 1.24c) (Lc 4.34c).

Convulsiones (parecidas a las epilépticas). El texto bíblico dice que el demonio del poseso estaba “sacudiéndole con violencia” (Mr 1.26; 9.18) (Lc 9.39), y en otro caso que terminó “derribándole en medio de ellos” (Lc 4.35).

Violencia repentina o locura furiosa, tal y como no dice el texto evangélico de un endemoniado: “Andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras” (Mr 5.5); o en otra ocasión que “muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle” (Mr 922).

Otras señales psíquicas de posesión demoníaca según el testimonio de testigos presenciales se producen con frecuencia, son: 1) Xenoglosia (hablar idiomas desconocidos y sostener conversaciones en esos idiomas así como entenderlos). 2) Autosugestión (demostrar fuerza psíquica y moral superior a lo normal).

Señales físicas que juntamente con las anteriores evidencian que una persona está poseída por el Diablo:

Sansonismo o fuerza física considerable que puede manifestar el poseso. En el relato bíblico se dice de un endemoniado que “muchas veces había sido atado con grillos, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar.” (Mr 5.4) (Lc 8.29)

Transfiguración. Esto hace referencia a las transformaciones físicas en la cara o en cualquier parte del cuerpo que puede manifestar el poseído por algún demonio. En la Biblia se dice de un poseso que el espíritu inmundo “… le hace echar espuma, y estropeándole” (Lc 9.39) (Mr 9.20), o que “cruje los dientes, y se va secando” (Mr 9.18)

Sordera y mudez. El relato del evangelio nos dice que el demonio que ocupaba a una persona era un “espíritu mudo y sordo”, indicando con ello que la sordera y mudez eran dos consecuencias físicas producidas en el poseso (Mr 9.25) (Mt 9.32).

Otras señales físicas de posesión demoníaca son: 1) Trasformación de la voz en tono, cadencia, pronunciación, calidad, etc. 2) Transformación de fonías humanas en zoomorfas: gruñidos, mugidos, gemidos. 3) Torciones del cuerpo (movimientos antifisiológicos como girar cuello y cabeza de 180º a 360º). 4) Psicocinesis (interferir en las leyes físicas afectando el mobiliario y cosas del entorno -desplazamiento de objetos). 5) Levitación (contravenir las leyes de la gravedad elevando en el aire el propio cuerpo u objetos que le rodean).

La perdición eterna de las almas
Satanás emplea todo tipo de artimañas para perder las almas consiguiendo atrapar a la mayor parte de la humanidad (Mt 24.24). El que la mayoría de las personas vayan por el camino de la perdición ha producido siempre una vana seguridad en muchas personas. Les hace creer que la mayoría no puede estar equivocada. Pero cuando el Señor habla de los suyos les dice “no temáis manada pequeña” (Lc 12.32). Por lo tanto, y a pesar que al final de los tiempos la suma total de los redimidos será un número incontable de personas Ap 7.9- 10), tenemos que afirmar que son muchas más las personas que transitan la senda de la perdición que los que viajan por la de la vida (Mt 7.13-14), consecuencia, entre otras cosas, de las artimañas satánicas desplegadas para tal fin (2 Tes 2.9-12).

Quienes siguen al Diablo están tan engañados que se sienten seguros y creen estar en el camino adecuado (1 Tes 5.2-3). Los que andan por el camino ancho que va a la perdición se sienten seguros de haber tomado la opción correcta. No sólo no hacen caso de las advertencias de la palabra de Dios, que llama al hombre a estar preparados para el encuentro con él en el “ahora” de la vida (He 4.7), sino que hacen caso omiso a las señales de los últimos (Mt 24.3ss), de manera que andarán seguros y confiados hasta que el Señor les llamé a rendirle cuentas o la venida del Señor les sorprenda como “ladrón”.

Pero los seguidores de la senda del mal no saben que compartirán con Satanás el mismo castigo eterno que Dios tiene preparado para él (Ap 20.15; 21.8 cf 20.10). Esa es la enseñanza de toda la Biblia. Quienes viven con Dios, al morir irán con Dios. Y quienes viven siguiendo al Diablo, aunque no lo sepan, al morir irán con él y participarán del destino eterno que Dios tiene preparado para él.

Sólo Cristo es salvador y ha triunfado sobre Satanás y la muerte en la cruz
La muerte de Cristo: una aparente derrota que se convierte en victoria sobre Satanás

La profecía hablaba de una lucha entre la simiente de la serpiente (Satanás y los suyos) y la simiente de Dios (el Cristo) (Gn 3.15). En esa guerra contra el Mesías y los planes redentores de Dios se habían aliado el Mal, capitaneado por Satanás, y la Muerte, instrumentaliza por los impíos.

En la batalla del Gólgota la simiente de la serpiente daría un golpe a Cristo en el talón al llevarle a la muerte en la cruz (Gn 3.15) (Hch 2.23). Todo parecía perdido, los enemigos del reino de los cielos parecían haber vencido, el pecado y la oscuridad parecían haber ganado una batalla que parecía un definitivo e irrevocable triunfo del Mal y la Muerte sobre el Bien y la Vida.

Pero lo que parecía un fracaso no lo era. El grano de trigo no germina ni produce fruto si antes no muere (Jn 12.24). La muerte de Cristo no era más que un medio para cumplir con las exigencias de la justicia divina (Ro 5.18-21). La Ley de Dios establece la muerte del pecador (Ro 6.23a), por lo que Jesús ocupa el lugar de los pecadores en la cruz, el justo por los injustos (1 P 3.18), obteniendo de esa manera eterna redención para su pueblo (1 P 1.18-20) y librándoles de la potestad de las tinieblas (Col 1.12-14).

Por tanto la muerte de Cristo no era un fracaso, con ella se estaba obteniendo salvación para el pueblo de Dios (Jn 1.29), se estaba triunfando sobre uno de los aliados en aquella batalla, se estaba venciendo al Mal y a su capitán, Satanás: “y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col 2.15) (He 2.14-17).

La resurrección de Cristo daría el golpe definitivo en aquella contienda triunfando sobre la Muerte

Pero faltaba dar un paso más en aquella lid, faltaba vencer a la muerte, el otro aliado en la guerra contra el Hijo de Dios. Para ello se va a producir una inesperada batalla: al tercer día Jesús va a resucitar de entre los muertos (Hch 2.24ss). Con ello la Muerte también fue derrotada: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Co 15.54-57).

La resurrección es tan importante en la obra de la redención como la propia muerte de Cristo. Tal es así que Pablo dice, hablándonos a nosotros los que creemos en Jesús, que si “Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados”. (1 Co 15.17) y “vana es entonces nuestra predicación” (1 Co 15.14).

Los hijos de Dios hemos sido liberados de la potestad de las tinieblas (Col 1.13)
Como hemos visto, la liberación de los redimidos de la potestad de las tinieblas se ha producido por la obra de Cristo en la cruz del Calvario. Los cristianos no tenemos la marca o señal del Diablo en nuestras mentes y corazones, sino la marca de Dios (Ap 14.11). Así lo decía la profecía: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por dios, y ellos me serán por pueblo.” (Jer 31.33 cf He 10.15-17). La palabra de Dios morando en el corazón, en virtud de la obra del Espíritu Santo, es el sello de Dios que hace los cristianos amemos a Dios, guardemos sus preceptos y nos apartamos de la senda del mal (Ez 36.25-27).

El destino final de Satanás
Satanás es un enemigo vencido por nuestro Señor Jesucristo, como nos dice el apóstol Juan: “Y por esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.” (1 Jn 3.8b). El Señor ha ganado por nosotros y para nosotros los privilegios que poseemos y ha destruido al que tenía el imperio de la muerte, esto es al Diablo (He 2.14-18). Ante tal victoria, los cristianos somos llamados a mantener la posición adquirida por el Señor hasta que Satanás sea definitivamente aplastado al final de los tiempos: “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies.” (Ro 16.20). Cuando todo se haya consumado, cuando los planes de Dios se hayan cumplido hasta en sus detalles mínimos, llegará el momento en que el Diablo será “lanzado al lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Ap 20.10)

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